Acción inmediata

“…cuando haces todo como un fin en sí mismo, te liberas”. Esta es la segunda parte del principio de la acción inmediata y quizás la más importante porque al menos en mi caso me abrió las puertas a  una comprensión inusitada y reveladora. 

Cuando empecé a trabajar semanalmente con los principios de acción válida y en particular con este, mis esfuerzos se concentraban en la primera parte que dice “Cuando persigues un fin, te encadenas…” Y por supuesto era claro y evidente que el perseguir cualquier objeto creado por la imaginación o por compensación me llevaba derecho a todo lo que tiene que ver con deseos, frustraciones, falsas esperanzas, escapismos de todo tipo, y el consecuente encadenamiento propio de los actos y objetos materiales e inmateriales. 

No era muy interesante la comprensión de algo tan obvio hasta que un día eso cambió. Fue una mañana en donde se rompió finalmente el basurero automático conectado al lavaplatos y sin un peso en el bolsillo y apremiado por las circunstancias, decidimos con mi pareja hacer todo el trabajo de sacarlo y eliminarlo completamente. También eliminar el lavaplatos automático que había dejado de funcionar hacía años. Por alguna razón no muy evidente, acometí el trabajo con una actitud positiva y lleno de curiosidad e interés por algo que en circunstancias normales, no habría merecido más que unos cuantos improperios. 

No eran circunstancias normales. Al menos internamente algo estaba observando sin juicio y esa observación se fue extendiendo a todo el proceso de desmantelamiento y ahí llenos de grasa, de comida descompuesta, con una linterna que no alumbraba mucho y con pocas herramientas disponibles fuimos trabajando sin apuro hasta sacar todo, y reemplazar las cañerías y todo el sistema incluyendo el grato descubrimiento que el lavaplatos automático había dejado de funcionar porque estaba conectado al basurero automático. 

En el medio de todo este enredo me di cuenta del verdadero significado de hacer las cosas como un fin en sí mismo. No era un asunto moral, ni espiritual, ni culposo, ni nada por el estilo. Era simplemente estar en el presente con todo mi ser. Esa presencia alimentada por la observación había detenido todas las proyecciones a futuro y me dio el registro claro de un-fin-en-si-mismo. 

Contemplé varios actos mentales, pero sin mucha identificación. Casi como viendo una película de mis contenidos mentales. Así, observando todo pero con todo el interés puesto en la tarea del lavaplatos me sentí feliz y libre internamente. 

Sentí que podía aprender sin límites y que lo único que tenía que hacer era desarrollar esa actitud de que cualquier actividad, sin considerar su aparente importancia era una oportunidad para practicar la presencia en todo mis quehaceres. 

En este proceso que lleva un poco más de un año he ido descubriendo muchos detalles conectados a esta actitud de estar en el mundo, pero creo que me he alargado lo suficiente y mejor lo dejo para otra reflexión. Si, quiero mencionar que todo esto lo han experimentado otras personas, entre ellas mi amigo Roberto Verdecchia en Canadá y su comprensión y experiencia me impulsó a escribir la mía… ¡Gracias Roberto!

Julio 6, 2020