El hilo dorado

Uno de mis mejores amigos escribió hace unos años atrás sobre “el hilo dorado”.

“Te doy la punta de un hilo dorado,
Solo enrollado en un ovillo
Te llevará a la puerta del cielo,
Construido en el muro de Jerusalén.”

William Blake

Ken escribió además: ”El hilo de oro, usado solo una vez en la poesía de Blake, es una imagen que sugiere que una punta del hilo de oro se nos da y debemos hacer más que seguirlo. Debemos enrollarlo activamente en un ovillo. Si no mantenemos la cuerda tensa y si no seguimos enrollando, podemos perder el rumbo y desviarnos hacia el sin sentido.”

Esa frase de Ken — mi amigo — me impactó recientemente, como suele sucederme ahora último, en que todo lo que releo me parece como si lo estuviera leyendo por primera vez. Me puso de frente en un sendero que me interesa mucho transitar. Es el sendero que va hacia el sentido, que va hacia la felicidad creciente. Es un camino interno en donde me voy apoyando en lo que es más querido, más preciado internamente. Es una dirección que comenzó hace mucho tiempo atrás pero no me había dado cuenta. 

Tan encandilado he estado con los “objetivos” que me pasó desapercibido el hecho de que las direcciones mentales operan dentro nuestro desde que nos hacemos más o menos conscientes, o sea desde nuestra niñez. Observé que de niño me ha interesado sobremanera todo lo espiritual y también el mundo natural que también es un mundo “espiritual”. ¿Por qué?

No tengo idea, o tengo muchas ideas, pero lo importante es que esos mundos conforman una dirección interna que reconozco como fuentes de inspiración. Es una forma de entender ese hilo dorado, seguirlo y mantenerlo co-presente. 

Corresponde a una creencia de que uno tiene que trabajar con lo que ya existe y que está operando y no necesariamente con lo que hay que “adquirir” ya sea porque no se tiene o porque no se reconoce. 

De cualquier forma, cualquier “adquisición” me lleva por otra vía que no me interesa. Hoy por hoy, es un asunto de dejar ir y no de agregar y por eso mismo me interesa descubrir cómo lo formativo tiene que ver con lo más esencial dentro de nosotros. 

Y eso esencial lo puedo conectar a un propósito que es lo que me hace ascender. Lo que voy teniendo claro es que ese propósito tiene fuerza emotiva, está impulsado por un gran afecto y todo esto está dentro de mí y no afuera. 

Quizás lo más importante es que lo puedo experimentar emotivamente y poéticamente lo siento como impulso, dirección, inspiración, intuición y el sabor de algo grande y a la vez humilde que me pertenece a mí y a todo el género humano.

Agosto 24, 2020