Sacrificio

Tengo la impresión de que lo peor del llamado “sacrificio” es que es en vano. Estoy muy claro que lo que digo puede ser considerado como una herejía pero no por ello, deja de ser verdadero. Lo primero que he podido vislumbrar es que el sacrificio como concepto e implementación ha venido cubriendo nuestra historia humana con una sombra oscura, temerosa y cruel. Ni los sacrificios humanos, de animales o psicológicos han podido hacer del sacrificio algo interesante y unitivo. En el mejor de los casos se lo ha glorificado para poder esconder la estupidez de guerras y confrontaciones de todo tipo en donde el absurdo de la muerte echa mano del sacrificio como método paliativo. En el plano más mental, el sacrificio se ha usado para justificar acciones y pensamientos incoherentes y en el plano espiritual para controlar, manipular y convencer a los incautos de que existe un valor intrínseco en el sacrificio. Y no es para menos si se considera que el “máximo sacrificio” es dar la vida por otros. Está bien. No me interesa en absoluto discutir la veracidad de estas afirmaciones y tampoco pretendo echar a perder la creencia en tales conceptos. Cada cual cree en lo que más le conviene y así estamos todos bien.

Sin embargo, al observar mis propios sacrificios y cómo operan en mi, no puedo dejar de ver lo absurdo de ellos. Para empezar, si acepto un sacrificio me convierto automáticamente en víctima, y es algo que no quiero hacer. Si no acepto el sacrificio, estoy prácticamente obligado a dar una respuesta diferente de la “aceptación” y eso significa un cambio interno y externo que a lo mejor me pone en una situación insospechada. Una gran posibilidad se abre y es la de “renegar” del sacrificio y eso implica una negación fuerte, no de la “actividad” en que el sacrificio está inmerso, sino en la actitud interna que tengo al respecto de esa actividad sacrificial…En palabras más simples, puedo hacer las mismas cosas que antes hacía como sacrificio, sin “sacrificar nada”. Si alguien cercano me pide ayuda — y no por primera o tercera vez — y yo lo veo como un sacrificio, lo más probable es que lo voy a hacer simplemente para no sentirme culpable. 

Pero puedo dar esa ayuda desde una perspectiva y actitud diferente. Esa respuesta va a ser igual pero sin el elemento interno básico de todo sacrificio que consiste en la expectativa de que recibiré algo en recompensa o de que “mi esfuerzo” sirve para algo o alguien. Si elimino esa “utilidad ilusoria” en mi hacer, ya sea por no tener expectativas o bien por no aceptar simplemente una situación conflictiva, — para mí — me libero de la familia entera, o sea de la familia que incluye el sacrificio y su hermana menor, la culpabilidad. No estoy muy seguro que el sacrificio y la culpabilidad sean el producto de la educación religiosa, al menos no completamente. Creo que es más profunda la raíz y hay que investigarla en uno mismo, pero no puedo dejar de pensar lo importante que es liberarse de ambas, especialmente del sacrificio mecánico. 

Este es un tema complejo y tiene muchos matices. Lo he venido “rumiando” desde hace tiempo cuando caí en cuenta de que en el capítulo I, “La Meditación”, se dice: “Aquí se reniega de los sacrificios, del sentimiento de culpa y de las amenazas de ultratumba”. Y por supuesto que la primera respuesta a esta frase fue: “Obviamente” y luego pude ir viendo más internamente como el sacrificio, la culpabilidad y el temor a las amenazas de ultratumba necesitan ser iluminadas con la luz de una comprensión más profunda; generadora de una nueva actitud con respecto a esta “histórica familia” que nos pone en una necesidad de verdadera meditación.

21 de Septiembre, 2020