Ilusiones

Es curioso que el sufrimiento humano tiene mucho más que ver con las ilusiones y las creencias que con imágenes sufrientes. El sufrimiento mental y los mejores sufrimientos son los que se producen por las ilusiones que no se cumplen y por las creencias que por lo general no tienen ningún asidero. Y porqué no decirlo también, por la idea de que nos morimos, de que no somos inmortales.

He estado en este tema por un tiempo porque es algo importante de comprender y la mejor manera es verlo en uno mismo. Ver mis propias ilusiones y creencias y ver cómo producen temor cuando no no se cumplen. El temor produce violencia interna y eso es sufrimiento. Muchos temores tienen en la base la creencia en algo que no se va a cumplir. Temo la pobreza, temo la enfermedad, temo el rechazo y temo la muerte. Temo la guerra, el hambre, la explosion demográfica, el desastre ecológico, etc. 

En síntesis, tengo temor a todo lo que me puede suceder y lo peor es que “puede que suceda”. Puede ser que me enferme, que me empobrezca y que me muera. De hecho lo más probable es que me enferme y me muera porque ya soy cada vez más pobre. Lo “probable” tiende a justificar mis temores y eso es porque no comprendo que mis temores son ilusorios. No es que no existan. Seguro que me voy a morir, pero seguro que no va a ser como me lo imagino y ahí está lo más interesante del sufrimiento. Cuando pienso en todo lo que me imagino a un nivel bastante bajo, como me imagino que voy a hacer en un rato mas, como me imagino otra gente, como me imagino que voy a encontrar cuando voy a un evento, como me imagino a personas que no conozco, casi siempre lo que me he imaginado no tiene nada que ver con lo que sucede. Pero no lo estructuro así, no lo pienso así, no me doy el tiempo a decirme: “Nada de lo que imagino realmente sucede” porque sí efectivamente lo entendiera así, comprendería más profundamente el mecanismo de la ilusión. A lo más, digo cosas superficiales como “que sorpresa me encontré cuando conocí a tal y cual”, pero en verdad, no hubo tal sorpresa, simplemente lo imaginado no correspondió y a eso lo llamo “sorpresa”, o “una agradable sorpresa” porque la imaginación a veces nos lleva por el camino opuesto, por el de las expectativas positivas y sucede lo mismo pero al revés… “una desagradable sorpresa”. Con certeza, ni lo imaginado negativamente o positivamente sucede en la realidad pero “eso” que no sucede está directamente encadenado a lo imaginado, a las expectativas y a las creencias que tengo sobre “eso”.

Si mis creencias, expectativas y temores fueran iluminadas más a menudo por mi comprensión de ellas, y a veces sucede, entonces puedo ver cómo producen problemas no solo en mi pero en mi alrededor también. También puedo tener la oportunidad de comprenderlas en su estructura ilusoria y aquí es donde es importante entender que no hay que luchar en contra de las creencias y las ilusiones sino ver y descubrir su naturaleza compensatoria. Existen porque tengo carencias. Existen para equilibrar mis deficiencias pero desgraciadamente no son muy eficientes y ahí reside la dificultad.

A pesar de todas las ineficiencias, tenemos una gran capacidad de observar todos estos mecanismos y tendencias. Digo “observar” y no interpretar porque es a la luz de la observación que mis creencias y mis ilusiones pierden su poder sugestivo. Y es a la luz de esa misma observación que puedo generar un comportamiento distinto y en una dirección coherente.

Los momentos más lúcidos que tengo cuando practico esta observación, se van acumulando y lo voy experimentando como un suave despertar a algo más profundo en mi y en otros que mis ilusiones y creencias no me permitían verlo. O dicho de otra forma, experimento una liberación interna de las ataduras de mis creencias e ilusiones.

19 de Octubre, 2020