La familia

Después de bajar y leer la copia más reciente de la Constitución Chilena, creo que es bueno revisar todo desde el principio, especialmente cuando se considera a la familia como el núcleo fundamental de la sociedad. Así comenzamos con lo que se denomina “Bases de la Institucionalidad”.

Hasta ahora, la familia ha sido el núcleo tácito de la sociedad y es absolutamente comprensible por su larga historia y por los sentimientos profundos que se da entre padres, madres, hijos e hijas. Y si agregamos los abuelos, abuelas, tíos y tías, tenemos un conjunto familiar complejo en donde casi naturalmente queda claro que esa estructura familiar es el núcleo de la sociedad.

Sin embargo, hay muchas personas que no lo experimentan del mismo modo. A veces porque ese núcleo no es tan núcleo, a veces porque la misma familia ha abusado de ellos, a veces porque el sentimiento de no pertenecer realmente a esa familia es más fuerte que los lazos cuestionables y en algunos casos inexistentes.

Los casos son numerosos y múltiples y nos hablan de algo que casi siempre se mantiene en la oscuridad por temor o por vergüenza pero que en muchas ocasiones es el alimento preferido para las conversaciones banales, para los escandalos, para el desprestigio social, para la comparación social y para todo eso que es solamente chisme descarnado. No hay familia que no tenga por lo menos una oveja negra; por lo general más de una pero eso siempre es tomado livianamente y como parte intrínseca de ese núcleo que lo llamamos familiar.

Por muchos siglos se ha mantenido esta estructura intacta gracias a la organización jerárquica de la familia y las necesidades económicas de esta, pero en el siglo XXI, no parece ser demasiado importante, necesaria o sacrosanta tal institución.

Cuando se consideran ciertos aspectos nefastos de esta construcción, es justo preguntarse por la validez de este núcleo especialmente cuando consideramos la posibilidad de redactar una nueva constitución.

Históricamente la familia ha sobrevivido por las condiciones naturales y en países conquistados por los reinos de España y en menor escala Francia y Portugal, esta familia se ha respaldado en la Iglesia Católica en una relación más o menos simbiótica e incestuosa. 

La familia es protegida por varias ceremonias religiosas que  acompañan a sus miembros desde el nacimiento hasta la muerte. Bautizos, comuniones,  confirmaciones, matrimonios, bendiciones,  extremas unciones, muertes y sepulturas. Creo que no dejaron nada sin tocar en las etapas vitales de todo ser humano y esa misma Iglesia se beneficia con las contribuciones generosas de sus feligreses y la posesión de las mejores tierras en todos los continentes sin tener que contribuir económicamente para nada en las sociedades en que están insertadas. La Iglesia está organizada de forma jerárquica y patriarcal desde el comienzo de su existencia como institución. 

Ese patriarcado ha funcionado hasta ahora a través de la represión sexual, del abuso sexual, del enorme poder concentrado en las monarquías — que hasta el dia de hoy existen — de la supuesta posición de intermediarios entre lo divino y lo terreno, del manejo absolutista del temor y de la culpabilidad y por supuesto del abandono total y completo de las enseñanzas de su fundador. 

Hace muchos siglos que el reino de los cielos se declaró existente en la tierra a través de la posesión desmedida de bienes, del control del poder político y económico y de la expansión territorial en todo el planeta.

Considerando mínimamente estos antecedentes y mirando hacia el futuro, es indispensable evaluar, por un lado el concepto de familia y por otro lado el cuestionamiento más importante para poder suplir en forma totalizadora lo que hasta ahora ha sido el componente básico del cuerpo social.

La familia históricamente tiene su proceso, desde la tribu cavernaria paleolítica hasta la contemporánea “unión civil”, desde la familia poligámica en África y Oriente, hasta las sociedades monacales religiosas, las comunidades hippies y los matrimonios arreglados en India y en las monarquías europeas. En todos los casos aparece que el trasfondo, su “raison d´être”  ha sido buscar la unión de individuos para la supervivencia, la protección y lo económico. 

Hay algo solidario esencial ahí, en que el ser humano se define en relación a otros, creando diversos y múltiples ámbitos por necesidad. Toda la definición valórica y los intentos para imponer un tipo de familia como la “base de la sociedad” parece que más que natural, es una imposición manipulativa que carece de fundamento real. 

Esto especialmente se hace evidente cuando se impone un “Dios Único” y ese Dios dispone que, por ejemplo, la familia heterosexual monogámica es un dictamen de la Ley de Dios. Todo eso es absurdo desde la perspectiva constitucional. 

Caben entonces las preguntas: Es familia una pareja gay? Es familia una pareja lesbiana? Es familia una pareja que no es tradicionalmente considerada dentro del marco del género masculino-femenino? Que sucede con los huerfanos? Que sucede con los “hijos naturales”? 

Demasiadas preguntas con pocas respuestas y es por eso mismo que sería conveniente no solo revisar estas cuestiones pero plantearnos de una vez por todas el hecho de que el núcleo más significativo de la sociedad es el “ser humano” independiente de su raza, religión,  procedencia, género, etc. 

El ser humano es parte de la “especie humana” y esa especie representa al núcleo básico social. Esto es incluyente y necesario para este momento histórico.

Así, cuando se lea la nueva constitución, quedaría más o menos así:Capítulo I

  BASES DE LA INSTITUCIONALIDAD

  Artículo 1°.- Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos.

  El Ser Humano como parte de la especie humana, con libertad de opción, con igualdad de oportunidades y en una relación solidaria con su prójimo, es el núcleo fundamental de la sociedad.

  El Estado está al servicio del ser humano y su finalidad es promover el bien común, para lo cual debe contribuir a crear las condiciones sociales que permitan a todos y a cada uno de los integrantes de la comunidad nacional su mayor realización espiritual y material posible, con pleno respeto a los derechos y garantías que esta Constitución establece.

  Es deber del Estado resguardar la seguridad nacional, dar protección a la población y al ser humano, propender al fortalecimiento de este, promover la integración armónica de todos los sectores de la Nación y asegurar el derecho de las personas a participar con igualdad de oportunidades en la vida nacional.

Portland, 11 de Enero de 2021