Persuasión

La persuasión tiene mala fama pero no es culpa de ella. En realidad no es culpa de nadie y los sentidos negativos o positivos que algunas palabras despiertan en uno, poco tiene que ver con las palabras en sí, sino más bien con el significado que se va construyendo – a veces por siglos – en ciertas palabras. Desgraciadamente o felizmente la Persuasión tiene una prima muy parecida y se llama Manipulación, pero hay que aclarar que son parientes muy distantes y que en realidad el parecido es solo en apariencia.  

Probablemente lo más significativo de la persuasión radica en el hecho de que no es necesaria para conseguir algo para quien la usa. Dicho de otro modo, la persuasión cuando es usada, poco tiene que ver con beneficios para quien la usa. La persuasión es la capacidad de empatizar con los otros y requiere ponerse en la situación del otro no solo para comprenderlo pero también para poder – en algunos casos – ayudarlo.

Por el contrario, su prima, la manipulación no requiere nada fuera del interés personal de quien la usa. Es importante notar que en general, la manipulación de todo tipo comienza y termina en el individuo o grupo que decide manipular. No hay beneficios para otros excepto los imaginarios, que en realidad, no existen como tales. La manipulación por lo general opera cuando quiero algo que no puedo obtenerlo sino a través de otros y esto me habla de posesión, de deseo, de temores, de violencia psicológica.

Es común y aceptado que para imponer algo en otros se recurre a la manipulación y esta puede ser groseramente o sutilmente expresada. Alguien puede simplemente recurrir a un temor infundado – que son la mayoría de los temores – para manipular a conjuntos de personas. Otros recurren a las amenazas, a las promesas, a las mentiras, etc. Parece no importar a que se recurre para producir en el otro la duda, la esperanza, la afirmación o la negación necesaria para obtener beneficios. Es también común y aceptado que cuando quiero convencer a otro de algo que me beneficia directa o indirectamente, recurro a la manipulación. 

El sentimiento de culpa, el temor, las inseguridades de todo tipo, son las herramientas perfectas para quien quiere obtener algo de los otros. Las mejores manipulaciones son las que apelan al “bien común”, a las “necesidades del conjunto”, a “nuestra patria”, “barrio”, “comunidad”, etc y que velada o expresamente se apela a la culpabilidad para producir u obtener algo de ese grupo.

Felizmente, o desgraciadamente – una vez más – porque no estoy seguro, la persuasión no tiene nada que ver con la manipulación porque verdaderamente es una aspiración del ser humano. Una aspiración que tiene que ver con lo mejor de nosotros y de los otros. Una aspiración en donde no hay motivos ulteriores sino más bien respeto, reconocimiento y capacidad de ponerse en el lugar del otro. Si los temores y resentimientos se unen en la manipulación, ellos desaparecen por completo en la persuasión.

Es bueno no confundir estas dos señoritas. La persuasión es alegre, cálida, sin dobleces, generosa y perceptiva. La otra es lo contrario pero ambas usan el mismo vestido cuando son presentadas. Uno las reconoce por lo que ellas producen internamente. La persuasión siempre apela a lo mejor de los otros. Casi nunca me dice lo que debo o tengo que hacer. Simplemente me pregunta: ¿Y que harías tú? Siempre me conecta con lo mejor de mi y por eso mismo voy descubriendo lo distintas que son y se me hace cada vez más aparente el sentido más profundo de la siguiente frase: “Aspiramos a persuadir y a reconciliar.”

 

Portland, 8 de Febrero, 2021