Venganza

“Salvemos al hombre de la venganza,  preparando el camino de la nueva humanidad que ya se acerca.”

Esta frase me ha quedado en la memoria para siempre desde la primera vez que la leí más de cincuenta años atrás. Todavía la recuerdo con todas sus letras y todavía es un tema de reflexión de esos que no me abandonan. 

La impresión que me produjo sigue trabajando sobre mi hasta el día de hoy porque no pude comprender cabalmente lo que se decía, y sigo sin comprenderlo hoy día.

A ver si puedo explicarlo…

Salvar al ser humano de la venganza es una tarea monumental considerando nuestra historia. Es impresionante que todo nuestro armado jurídico esté montado sobre la venganza y no es fácil de digerir o de justificar pero no conocemos otra forma. Lo que llamamos justicia es simplemente venganza y cada vez que un crimen es cometido lo resolvemos vengativamente. 

Digo todo esto que suena acusatorio sin la mínima intención de acusar a nadie y menos de juzgar a nadie. Lo veo como un hecho consumado. Es lo que hacemos y nuestras sociedades funcionan gracias a los mecanismos judiciales en donde se castigan los crímenes cometidos pero nadie realmente sabe porqué fuera de que se hace “justicia” de ese modo y casi siempre hay un acuerdo tácito internamente. Si, es cierto, apelamos a la justicia, encontramos al culpable y aplicamos el castigo merecido. No es posible justificar un “crimen” y no es para menos ya que nadie quiere o puede decir que la “impunidad” es una posibilidad. No me puedo imaginar una sociedad que no considere castigar a los “criminales”. Se armaría inmediatamente un lío tan complicado como una guerra civil.

No me puedo imaginar que alguien asesine a otro ser humano y nadie haga nada por “castigar” a esa persona. El deseo de venganza es mucho más fuerte de lo que creemos y queremos admitir. Lo llamamos “justicia” y esta bien. Algun nombre mas aceptable tenemos que usar pero el problema persiste. 

No se exactamente como ha sucedido este enredo pero entiendo que el código de Hammurabi tiene mucho que ver con este problema que ya lleva por lo menos unos 4,000 años. Para no extenderme demasiado, es uno de los primeros esfuerzos en codificar leyes de protección y retribución. Proteger a las personas damnificadas por los actos de otros y castigar a los que dañan a otros aplicando una acción similar como retribución o justicia de represalia. Si alguien le  rompe un hueso a otro, ese alguien es castigado rompiendole un hueso también. Dicho de otro modo, “ojo por ojo, diente por diente” y como alguien dijo hace tiempo atrás, “nos quedamos todos ciegos y sin dientes”. Es una forma interesante de igualdad pero poco convincente. 

Dos mil años después del código atribuido al rey Hammurabi en Babilonia, o sea dos mil años atrás de nuestro presente, aparecen enseñanzas opuestas a este código que se expresan inequívocamente en el documento cristiano conocido como “El sermón de la montaña”. En esta suerte de discurso público se explica, desde mi punto de vista, la esencia más pura del cristianismo original. Si hubiese una forma de sintetizar la doctrina cristiana, el sermón de la montaña lo hace y además sienta las bases para una forma de comportamiento completamente diferente a lo conocido hasta entonces. Comienza con las bienaventuranzas, continúa con la ofrenda de la “otra mejilla” en frente de la violencia y la venganza – lo que es una novedad para ese momento histórico – explica que no hay que juzgar a otros y que no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti (la ley de oro en negativo). Da muchas pautas de comportamiento y termina con una explicación sobre el amor a los semejantes y a los enemigos también.

Este sermón, más algunas otras intervenciones inusitadas como cuando es aprehendido por los soldados y uno de los discípulos le corta la oreja a un servidor del sumo sacerdote y se explica la frase en latin “Qui gladio occidit, gladio occisus erit” Quien toma la espada, a espada morirá o también dicho de otra forma: “el que a hierro mata, a hierro muere”, es una enseñanza escrita, re-escrita, multiplicada en todos los idiomas conocidos, sin embargo, no se practica y es verdaderamente extraordinario que lo esencial, lo más puro y claramente expresado, no se practica.

Casi 1900 años después de estas “recomendaciones” un ruso escribe un libro que es censurado en su propio país hasta 1894 cuando se imprime por primera vez en Alemania el libro de Leon Tolstoi titulado “El reino de dios está en vosotros” basado en lo dicho en el famoso sermón comentado anteriormente. Tolstoi pone nuevamente en relevancia la idea de “resistencia pacífica a la violencia” y sin duda es uno de los precursores más importantes del pacifismo de hoy día, sin embargo a pesar de todos los esfuerzos en mostrar otro camino, las sociedades humanas no logran practicar las enseñanzas más importantes impartidas a través de milenios.

Mohandas Gandhi probablemente inspirado en Tolstoi sacude a India del imperio británico a través de la protesta no violenta y el pacifismo. Martin L King en Estados Unidos también inspirado por ideas similares hace lo mismo y crea el movimiento para los derechos civiles de la población americana-africana. Desgraciadamente el es asesinado el 4 de Abril de 1968. 

Un año y un mes después de esta violenta tragedia, en un lugar desconocido por el mundo, un joven de 31 años lanza una arenga en otra montaña ubicada en el sur del continente americano llamada “La curación del sufrimiento” y una vez más en nuestra corta historia humana llena de tragedias, violencia, venganza, guerras, opresión, intolerancia y demases, alguien propone una salida a este encierro con una propuesta de fe, esperanza, amor, etc., pero sobretodo de superar la violencia interna en uno y en el medio en donde uno vive.

Al parecer, la única salvación posible de la venganza por parte de los seres humanos es a través de la conquista del sufrimiento interno provocado por la falta de armonía entre lo que se piensa, lo que se siente y lo que se hace.  Esto es mucho más que simplemente ser “bueno”. Es efectivamente lograr paz interna y llevarla a otros. Esa paz interna aparece cuando la contradicción desaparece y cuando las vidas humanas cobran un sentido trascendental. Pero no sucede sin trabajo interno o simplemente porque está planteado correctamente. Como la raíz del problema del desquite, de hacer sufrir al otro como yo he sufrido, es tan profunda en nuestra forma mental occidental, no parece ser posible una transformación a menos que se haga una transferencia profunda de valores en la sociedad, empezando con uno mismo. 

Y aquí me detengo porque reconozco, como dije al principio, que no comprendo cabalmente el problema. Necesito estudiarlo en mi, necesito ver cómo se produce en mí ese deseo de venganza y en eso estoy.

Hasta ahora he encontrado solo dos situaciones en mi vida en que vi claramente como la venganza me tomaba internamente y fui capaz de resistirla. En ambas situaciones tuve un registro energético y de comprensión que no he encontrado todavía las palabras para expresarlo o integrarlo bien. Pero sin duda han sido fuente de reflexión y de intuición de que hay otro camino para superar la venganza…y por consiguiente es posible una futura humanidad que verdaderamente encuentre la reconciliación necesaria para salvarnos de la venganza.

Febrero 15, 2021