Fernando Aranguiz

Web Developer

The theme of violence and vengeance is a fairly heavy one, but at the same time it creates the space for me to ask myself, “How do I get out of this mess?” No matter how much I’d like to offer the other cheek, I am not completely convinced of the effectiveness or enduring validity of that approach. And after ending up without cheeks from offering them so often, how can I really overcome those forces that keep being generated within me?

Going deeper, I have to recognize that sometimes my worst enemy is inside me. If I am my worst enemy, offering my cheeks won’t help me much. 

Then I see more clearly the need to reconcile with myself, and with everyone who has harmed me. The path of reconciliation is arduous, but demands sincerity; and it is the only path that offers a way out of the vicious cycle of internal violence and resentment – the same cycle that makes others mistreat me and makes me mistreat myself.

So, considering all this, there arises within me the natural impulse of forgiveness. But forgiveness, while still important, is not enough. It is not enough because it obliges me to put myself in those totally unexpected situations where I pardon my aggressor and they don’t realize I’ve done so, and just go on being aggressive. Now, humiliated on top of being hurt, I decide that forgiveness isn’t very effective, since I find myself again resentful, but now doubly so because my forgiveness has not been gracefully welcomed. And even if, as in the best of cases, my forgiveness is accepted, I feel morally superior, and that’s the end of all my efforts toward a more interesting transformation. Besides, there remains an unanswered question: how do I forgive myself?

I need to go a little deeper inside… and unfortunately I can’t do that just by forgetting what happened. Forgetting doesn’t work very well, because the painful memory is still there, and no matter how hard I try to push it down, it surfaces and keeps bringing that situation back into my present awareness, even though I’ve tried to forget it. Sometimes just a scent or a color brings back all those memories I thought I’d forgotten, and again I find myself in a situation of resentment.

Little by little, and almost without any other options, I begin to reflect that the only way to overcome all this is through a deep and sincere reconciliation that begins specifically with myself. As has been said, this process begins when I accept that I have a problem, when I can admit that I don’t like myself as much as I believed, and sometimes don’t really like myself at all. This lack of affection for myself is complicated and makes me suffer, and its causes and origins are hardly important. What is important is that it exists, and is continually begging to be recognized and resolved. There I am with this burden that gets lighter only when I begin to treat myself differently, when I begin to see myself in a different way, when there appears within me a desire for a kind of transformation not linked to any feeling of guilt or desire to “improve” myself, or any requirements of that sort. A transformation where I simply see myself as someone with a lot of positive and negative attributes, with longings and hopes, failures and successes – a truly human being with all kinds of needs, and also someone who’s interested in others and in coexisting with them and loving them – and also in loving myself. When I can see myself that way, my future opens and I feel I can escape the trap of resentment. 

Then I recognize the validity of not judging myself or anyone else. I recognize the need to transform my life and the lives of those around me, but not compulsively, or for any other reason than to overcome myself. Because I understand, although not always very deeply and not always completely, that this is an effort that is made without concern for retribution or reciprocity. In other words, it’s neither necessary nor important for others to respond in kind. It’s a kind of “unilateral disarmament” that I experience as internal liberation, as a sensation of lightness and coherence, something that fits internally.

Finally I can perceive that when, as I strive to reconcile with myself, I begin to achieve this unilateral disarmament, it reinforces in me the feeling of reconciliation with others. Now I can sometimes see how all those individuals who have wounded me are exactly the same as me. I can perceive them in their humanity, and this is possible because I am humanizing myself. So after going around and around on this issue, I realize that everything begins to transform when I make the decision to reconcile with myself.

It is that effort, and no other, that allows me to escape from the closed circle of violence and vengeance. The best thing about this whole process is the silent joy that begins to accumulate within me, and I feel a profound gratitude for all these teachings that we have received.

 

Portland, Oregon February 18, 2021

These images / drawings are from a collection called “Weekly Reflection”. Most of the time the text is related to the photo or the drawing and is a “poetic” interpretation of the image. All the images and drawings are made by Rafael Edwards, all the texts are created by Fernando Aránguiz and all the English translations by Trudi Richards.

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Reconciliación

El tema de la violencia y de la venganza es más o menos pesado pero al mismo tiempo crea un espacio para preguntarme a mí mismo ¿Cómo salgo de este enredo? Por todo lo que quisiera ofrecer la otra mejilla, no estoy completamente convencido de su efectividad o de su vigencia temporal. Y después de quedarme sin mejillas, de tanto ofrecerlas, ¿cómo puedo realmente superar estas fuerzas que se generan en nosotros?

Yendo más profundamente, necesito ver que a veces el peor enemigo está dentro de mi. Yo puedo ser ese peor enemigo y ofrecer las mejillas no me va a ayudar demasiado.

Entonces veo con mucha más claridad la necesidad de reconciliarme conmigo mismo y con todas las personas que me han herido. El camino de la reconciliación es arduo pero sincero y es el único camino que me permite salir del círculo vicioso de la violencia interna y del resentimiento que causa el maltrato de otros hacia mi y el maltrato de mi mismo hacia mi.

Así, viendo estas cosas, me surge el impulso natural del perdón, que no deja de ser importante pero no es suficiente. No es suficiente porque me obliga a ponerme en esas situaciones totalmente inesperadas en donde se perdona al agresor y el agresor no se da por entendido y sigue agrediendo y yo, agredido y ahora humillado, decido que el perdón no resulta ser muy efectivo ya que estoy nuevamente resentido y doblemente porque mi perdón no fue acogido con mucha gracia y en el mejor de los casos, si mi perdón es aceptado, entonces me creo moralmente superior y ahí se acaba todo el esfuerzo por una transformación más interesante. Además, queda una parte inconclusa que es ¿cómo me perdono a mi mismo?

Necesito ir un poco más adentro…y desgraciadamente no es algo que puedo hacer simplemente olvidando lo que ocurrió. El olvido no funciona bien, porque el recuerdo doloroso está todavía en mi memoria y por más que trato de suprimir, aflora y sigue haciendo presente esa situación aunque yo trate de olvidarla. A veces es un perfume, o un color que trae al presente todos esos recuerdos que yo creía olvidados y ahí estoy nuevamente en situación de resentimiento. 

Poco a poco y casi sin opciones empiezo a reflexionar en que la única forma de superar todo esto es a través de una reconciliación profunda y sincera que en mi caso específico comienza conmigo mismo y como se ha dicho anteriormente, este proceso comienza cuando acepto que tengo un problema, cuando puedo decir que no me quiero tanto como creo y a veces no me quiero nada. Esa falta de cariño a mi mismo es complicada, sufriente y poco importan las causas y los orígenes. Lo importante es que ahí está siempre pidiendo ser reconocida y resuelta. Ahí estoy con toda esta carga que solo se aliviana cuando empiezo a tratarme de un modo diferente, cuando empiezo a verme a mí mismo de un modo distinto, cuando aparece en mi un deseo de transformación que no está ligado a ningún sentimiento de culpa o deseo de “mejorarme”, o ninguna exigencia de ese tipo. Simplemente me veo como una persona con muchos atributos positivos y negativos, con anhelos y esperanzas, con fracasos y triunfos y me veo como un ser verdaderamente humano con necesidades de todo tipo y también con un interés en otros y en convivir con otros y querer a otros…y también a mi mismo. Y cuando puedo verme así, mi futuro se abre y siento que puedo salir de la trampa del resentimiento. 

Entonces reconozco la validez de no juzgarme y de no juzgar a otros. Reconozco la necesidad de transformar mi vida y la vida alrededor mío pero no por compulsión, o por ninguna razón que no sea la de superarme, porque entiendo aunque no siempre profundamente y no siempre del todo, que es un esfuerzo hecho sin interés de retribución y de reciprocidad. En otras palabras, no es necesario ni importante que el otro responda de la misma forma. Es una especie de “desarme unilateral” que lo experimento como liberación interna, como una sensación de liviandad y de coherencia. La siento con encaje interno.

Finalmente puedo percibir que los esfuerzos por reconciliarme conmigo mismo, cuando voy logrando ese desarme unilateral, me refuerza el mismo sentimiento de reconciliación con otros y puedo ver a veces como todas esas personas que me han agredido son exactamente iguales a mi y las puedo percibir en su humanidad y eso sucede porque yo me voy humanizando. Así que después de todas estas vueltas, caigo en cuenta que todo comienza a transformarse cuando yo decido reconciliarme conmigo mismo.

Y es en esta tarea, y no otra, que puedo salir del círculo cerrado de la violencia y de la venganza. Lo mejor de todo este proceso es la silenciosa alegría que se va acumulando en mi interior y siento un profundo agradecimiento por todas estas enseñanzas que hemos recibido.

 

Portland, Oregon Febrero 18, 2021

Estas imágenes / dibujos pertenecen a una colección llamada “Reflexión semanal”. La mayoría de las veces el texto está relacionado con la foto o el dibujo y es una interpretación “poética” de la imagen. Todas las imágenes y dibujos son de Rafael Edwards, todos los textos son de Fernando Aránguiz y todas las traducciones al inglés de Trudi Richards.

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