Justicia Social

El tema de la justicia social es algo muy personal aunque quisiera que fuese de otra forma. Idealmente hablando creo que es algo que concierne a todos los individuos de este planeta independiente de donde se ubiquen en el espectro político, e independiente de sus condiciones de origen. Pero eso es algo que idealmente se puede concebir ya que en la realidad, no estoy seguro que se comprenda cabalmente y mucho menos que se pueda hacer ver en otros.

Entonces solo puedo hablar de lo que para mi significa el concepto de justicia social y para ponerlo en contexto, no lo defino sino màs bien me remonto a ciertas premisas básicas que considero los fundamentos de esta postura.

Para empezar el concepto de justicia es un concepto moral y esto es inescapable. No se puede hablar de justicia sin hacer referencia a la perspectiva moral que le da valor como tal. Y siendo así, no puedo escapar el reconocimiento que al ser moral, es necesariamente subjetiva la apreciación. Al mismo tiempo que se admite esta subjetividad inherente, también se reconoce que puede ser aplicable a cualquier individuo. 

Dicho de otro modo, cualquier persona posee una subjetividad igual a la de otros y por consiguiente puede coincidir o no coincidir con esta, en todo caso, el punto importante es que todo ser humano posee una subjetividad y en ese sentido somos todos parecidos.

Para seguir, el concepto de justicia tiene un sentido más profundo cuando se analizan las condiciones en que cualquier individuo nace. Sin hacer referencias a nada valorable, sin adjudicar atributos de ningún tipo, se puede decir con comodidad que todo ser humano nace en una situación que es dada. 

Nadie elige nacer. Todos venimos a este mundo sin la capacidad de elegir y así es como nacemos en un lugar de este planeta que jamás elegimos, nacimos en una ciudad, pueblo o región no elegida, en un contexto cultural no elegido, en un contexto social no elegido. Nacemos en una familia que no hemos elegido, con un nombre y apellido que es impuesto, o dado, si la palabra “impuesto” no suena bien. En suma, nacemos condicionados al máximo por las circunstancias temporales y materiales del momento histórico en que eso sucede.

Esas condiciones no elegidas son las que determinan quién soy, sin tener yo nada que decir al respecto ya que ni siquiera puedo hablar hasta casi al año o a los dos años de haber nacido y por consiguiente mis primeras palabras serán en el lenguaje que corresponde a la región en que nací y los objetos que percibiré y la música que escucharé y todo lo que entrará por mis sentidos será solamente lo que ese contexto histórico cultural y social admitirán.

En lo que se dice no hay enjuiciamiento de ningún tipo. Se va  solamente “describiendo” las características básicas del proceso de desarrollo del ser humano. Me parece que es así para todos.

Lo importante de este análisis es la comprensión de que refleja una realidad ineludible para todo ser humano. Se habla mucho de lo que la “realidad” es, e incluso nuestro vocabulario está lleno de referencias a la palabra “realidad” y sus derivados. Sin embargo este determinismo que se describe es una de esas realidades imposibles de escapar y es importante asumirla porque genera una gran comprensión en el proceso de entender que las condiciones de origen determinan los procesos fuertemente y el ignorar estas condiciones lleva a la confusión, al fanatismo y a otras manifestaciones no muy interesantes de nuestro comportamiento.

Al reconocer el determinismo original al que mi vida está sujeto, también reconozco que es una situación igual para todos los que nacen, pero desigual en cuanto a las condiciones en que eso sucede. Esa desigualdad básica de condiciones – no de condicionamiento – no deja de tener sus consecuencias sociales, culturales, étnicas y en definitiva, humanas.

Al nacer en condiciones dadas y con un fuerte determinismo, no es inteligente hablar de “libertad” a menos que lo hagamos en relación a su ausencia. Es precisamente la ausencia casi total de libertad la que va a caracterizar la vida inicial de todo ser humano. Y en el mejor de los casos, si existiera una libertad  (real o imaginaria) estaría suscrita irremediablemente a las condiciones de origen iniciales. 

En otras palabras, si existiera la posibilidad de “mudarse a otra cultura”, o de aprender otro tipo de lenguaje, o de expandir el horizonte de conocimiento, solo será posible si hemos nacido en una situación dada en que las condiciones materiales lo permiten. En palabras simples, sólo si contamos con los medios para hacerlo.

Fuera de todas estas consideraciones referidas al medio mediato e inmediato en que nacemos, también es importante considerar en el mismo nivel de análisis descriptivo, que nacemos con un cuerpo que requiere constante entrada de estímulos de todo tipo. En general, los podemos dividir en dos categorías estos estímulos:

  • Necesarios para la sobrevivencia inmediata. Aquí caerían los alimentos, el aire, la luz, el agua y todo lo que directa o indirectamente contribuye a la nutrición del cuerpo.
  • Necesarios para la sobrevivencia mediata. Las impresiones (visuales, auditivas, táctiles, etc) y todo lo que contribuye como fuente de enseñanza y conocimiento

El cuerpo también lleva consigo su propio determinismo, al parecer y por el momento, inexorable. Crecerá, se desarrollará para luego decaer y finalmente morir. El cuerpo es la base biológica en la cual se monta toda la estructura del ser humano y a pesar de poseer características extraordinarias, es limitado en muchos aspectos y porqué no decirlo, bastante frágil. Esa fragilidad parece ser bien compensada en nuestras especies con una enorme capacidad intelectual y emotiva, capaz de generar todos los sistemas de compensación necesarios para no solo sobrevivir, sino ir más allá todavía. Pero ateniéndose a lo descriptivo solamente, lo dejamos para otro momento.

Así tendríamos dos condicionamientos básicos: El medio y el cuerpo. Todo ser humano nace con un cuerpo dado condicionado genèticamente y en un medio dado condicionado socialmente , culturalmente y económicamente. Finalmente en un momento històrico dado que tambièn condiciona nuestro desarrollo.

Cuando me refiero al verbo “condicionar” lo hago en el amplio sentido de la palabra y una vez más, evitando el posible juicio que podría deducirse al emplear tal verbo. Descriptivamente no hay condiciones buenas o malas, simplemente condiciones. Lo óptimo es algo que tendría que definirse más adelante, pero por ahora solo describo.

Así como el cuerpo tiene su condicionamiento, también tiene una gran flexibilidad y un enorme poder de adaptación a diversas condiciones externas. Estas características lo dotan de una “sensación” de poder, de capacidad de romper con los límites impuestos. No solamente trataremos de llevarlo al extremo de sus limitaciones, sino que además tendemos a modificarlo a través de la tecnología y la ciencia. 

Paralelo al desarrollo del cuerpo, está el desarrollo del psiquismo. Algo tan ineludible como el propio cuerpo. Esas impresiones externas y del intracuerpo también están determinadas y tienen su ritmo y su tendencia.

Si pudiéramos abstraer lo “mental” de lo “corporal” diríamos que hay no dos condicionamientos básicos, sino tres. El medio, el cuerpo y el psiquismo. Curiosamente el diseño es igual para los tres o para ambos si sólo consideramos la estructura cuerpo-medio. Este diseño o característica inherente es el condicionamiento que venimos hablando desde el comienzo de este desarrollo. 

Este condicionamiento es determinante pero no absoluto. O sea, que a pesar de todas las dificultades es posible la ruptura de condiciones. Esta idea tan sencilla y al mismo tiempo de una complejidad ilimitada, está a la raíz misma de la posibilidad concreta de una transformación social. 

La historia del ser humano es la historia del esfuerzo por romper el determinismo de la estructura psico-social incluyendo al cuerpo en esta estructura. Lo incluimos porque es ineludible y porque constituye la base física necesaria para el desarrollo de cualquier potencialidad humana. Al incluirlo, incluimos el determinismo y también incluimos la posibilidad de romperlo. Obviamente las leyes físicas van dictando el comportamiento de lo material y la inercia, gravedad y dependencia lumínica de todos los objetos existentes también se aplica al cuerpo y al medio social. Lo admitimos, lo comprendemos y casi instantáneamente estamos “empujados” a modificar estas condiciones y es así que no aceptamos la enfermedad, ni las limitaciones impuestas por NINGUNA de las leyes físicas que vamos descubriendo en nuestro desarrollo. Llegamos al siglo XXI con la capacidad de volar por el aire sin poseer alas, de surcar los mares sin ser peces, de circular en la tierra a velocidades insospechadas por las capacidades corporales, de conquistar enfermedades, extender la vida y modificar el propio organismo. En síntesis, logramos romper con todos los condicionamientos impuestos por las leyes físicas y a través de estas “prótesis” o extensiones del cuerpo vamos dejando atrás las limitaciones.

Este desarrollo extraordinario o “progreso” como se lo denomina tradicionalmente no es parejo ni sus frutos llegan a la humanidad como un todo. Al contrario, la humanidad como un ente no recibe sino una infinitésima parte de todo este enorme caudal de posibilidades. Y es así que paradójicamente frenamos la transformación social y la ruptura de las condiciones sociales a pesar de que es evidente en todos los campos del quehacer humano que esas son las prioridades y los objetivos que tenemos como especie.

¿Porqué esto no sucede?

Es una buena pregunta y merece una buena respuesta.

El desarrollo psicológico en términos de romper condicionamientos así como lo hacemos con el cuerpo y lo material no está muy claro para el ser humano en general. A pesar de que obviamente estamos al tanto de que tenemos una realidad “interior” ya que sentimos y pensamos, amamos, odiamos, disfrutamos, nos enternecemos y nos enfurecemos. Creamos, inventamos y a veces en éxtasis sentimos que el mundo de nuestros “semejantes” es “nuestro” mundo, casi nunca es algo que tiene permanencia o continuidad. No es muy distinto a nuestros antepasados que anhelaban volar cuando miraban los pájaros circular el cielo, pero no tenían en ese momento la determinación ni el interés para construirlo en un proyecto vital. Todo eso vino mucho después y vino con el advenimiento de ciertas comprensiones internas que pueden definirse como “comprensiones morales”. Al principio hablamos de lo moral, de los valores y de lo subjetivo. Todo eso tiene que ver con el desarrollo interno del ser humano a pesar de que se externaliza en creencias, leyes y preceptos que a su vez  se codifican como cultos, religiones, sociedades, agrupaciones, etc. Mientras más profundas son las comprensiones, más fuerza dan a estos valores y mayor reconocimiento existe de que no somos una isla sino un todo. Un todo completo y extraordinario.

El cuerpo nos da la sensación de identidad, pero es el psiquismo lo que nos da la sensación de pertenencia y de complementación. El cuerpo se mueve por su propia sobrevivencia y así genera mecanismos de poder que no necesariamente terminan en lo objetal sino que desgraciadamente se extienden a otros seres humanos y es en esa tendencia por la sobrevivencia corporal que quedamos apresados en la paradojal “bestialidad” que ha acompañado nuestro desarrollo a través de miles de años.

Lo interesante es que ahora podemos comprenderlo muchísimo mejor que en otras ocasiones porque estamos en un momento histórico sin antecedentes. Hemos llevado nuestro desarrollo material hasta el punto en que vivimos una globalidad como realidad diaria. Esta situación de interdependencia nos deja en evidencia que la construcción de un todo social es ahora parte de la sobrevivencia como especie, pero todavía no se ha hecho una realidad psicológica para el total de la población mundial y mucho menos para aquellos que detentan el poder.

A la raíz de todo proceso cualitativo que rompe con las condiciones de origen está la decisión interna de “dar un salto” en el vacío. Me explico. Cuando el ser humano decidió volar, también decidió arriesgar su vida y su cuerpo hasta que logró estabilizar la estructura anhelo-objeto. Cuando descubrió las posibilidades infinitas de la electricidad, no fue sin pasar por duros momentos en que muchos perdieron la vida hasta que se estabilizó el proceso de domesticación de esas fuerzas.

El temor está en la base de la ignorancia. Mientras más tememos, más ignorantes y más pre-juiciosa nuestra percepción de la realidad se hace. El temor es un recurso instintivo del cuerpo para protegerlo y así proyectarlo en el futuro. El temor tiene su “razón de ser” en el contexto cuerpo-medio, pero una vez que ese contexto se estabiliza y un orden aparece, el temor no tiene más “razón de ser”. Si lo miramos de otro modo, el temor que nos infunde la oscuridad, desaparece con la luz del nuevo día y no porque la luz mágicamente tenga el poder de curar el temor, sino más bien porque las referencias que se hacen evidente para los sentidos, permiten un análisis y una comprensión intelectual del fenómeno. Pero esos sentidos no funcionan igual en la oscuridad y es ahí donde el cuerpo responde con el temor primordial.

El temor tiene un origen corporal pero su realidad es psicológica. Se “registra” psicológicamente y ese es un registro sumamente importante para comprender con más exactitud la deficiencia que llevamos cuando se trata de impulsar un desarrollo social. Lo social no es la suma de cuerpos, sino también la sumatoria de los atributos psíquicos y esta suma es de una diversidad enorme. Cuando hablamos de un grupo social tenemos que detenidamente contemplar que son varios individuos reunidos que además de sus identidades corporales traen consigo su bagaje psicológico. Por ahora sintetizamos todo lo psicológico en la palabra “intención” y podemos decir entonces que todos esos cuerpos reunidos tienen “necesidades” e “intenciones”. Una sociedad entonces se conforma con individuos que se encuentran en una situación externa similar de determinismo, con determinadas necesidades impuestas por el cuerpo y con una serie de intenciones también impuestas por el siquismo que a su vez depende del cuerpo. Esas intenciones son las que pueden hacer que curemos epidemias o que quememos a otros en una hoguera. Esas son las intenciones que harán de la vida un canto o una tragedia. Esas son las intenciones que bien sobrepasan los obstáculos y crearán nuevas posibilidades, o simplemente se refugiarán en el temor y la oscuridad para solo responder mecánicamente y con lo mínimo necesario para sólo sobrevivir.

Esas intenciones se apoderarán de las intenciones de otros porque a la base está el temor y la ignorancia o bien saltarán por sobre la posesión y descubrirán que volar no es algo tan extraordinario sino la aplicación del conocimiento y el sentir en algo que beneficia a otros. No hay forma de superar el temor si no se comprende que es un fenómeno interno de posesión. En la medida que nos vamos desposeyendo de ataduras mentales, en la medida en que vamos orientando nuestras vidas hacia otros y des-cubrimos que dar es mucho más interesante que recibir, el temor retrocede y la vida avanza. Digo “la vida” porque la ausencia de temor genera crecimiento y el crecimiento da lugar a la vida. La vida se expande gracias a las intenciones de aquellos que lo comprenden así e intencionan en esa dirección. Es ineludible que en ese proceso de generación se llegue a la conclusión de que “el otro” no es sino una extensión de “uno mismo”. Ese es el momento de ruptura con el temor ancestral y es cuando se comprende que el valor moral de “tratar a otros como uno quiere ser tratado” es el comienzo de la realización de una justicia social que se hará concreta no por la fuerza o por simplemente estar de acuerdo con la idea, sino por una necesidad humana, tan humana como es la de superarse y superar los condicionamientos de origen.

La justicia social es necesaria para el desarrollo evolutivo de nuestra especie. Se hará realidad en la medida en que el temor “al otro” retrocede gracias al esfuerzo consciente o intención en una dirección de superación personal. Es necesario construir bases concretas de apoyo a estas ideas y creencias. Una economía y una política serán herramientas interesantes para llevar este anhelo adelante. Una práctica personal que vaya reforzando los registros positivos puede generar una fuerza enorme que acelere este proceso. Toda guerra y esfuerzo de apropiación de los recursos físicos y humanos van en la dirección opuesta a estos planteos y generan sufrimiento y contradicción, pero sin duda al mirar el proceso evolutivo del ser humano, no queda otra alternativa que maravillarnos por las enormes conquistas y esfuerzos que se han hecho y que seguirán haciéndose para el beneficio de la humanidad.

20 de Abril, 2021