Identificación

El concepto de identidad es complejo porque compromete todo ser humano a ser definido ya sea por propia voluntad o por la cantidad enorme de accidentes y también de elecciones que definen quienes somos. Preguntarse por quién soy es poner a prueba tal identidad, pero porqué preguntarse quien es uno si se supone que la identidad responde a tal pregunta. Es muy difícil admitir que uno no sabe quién es, o peor, parecería broma. 

¿Quien es usted?

No se quien soy, y ¿quién es usted?

Tampoco sé, así que mejor no preguntar.

Este sería un diálogo bastante corto y si uno se imaginara todo esto en el contexto de introducciones sociales, sería prácticamente una comedia. Así que para evitar todo este cuestionamiento, el concepto de identidad aparece mágicamente y responde por nosotros. Yo soy Fernando — de acuerdo al nombre que me dieron mis padres — y ahí continúa una larga  explicación de todo lo que soy que en realidad no he elegido en absoluto pero sin embargo es aceptado como respuesta a la pregunta. Al final, soy algo que tiene que ver con el condicionamiento básico en que he nacido y crecido y poco explica quien realmente soy. Sin embargo es aceptado y respetado.

Es tan respetado y aceptado que termino creyendomelo tambien y ademas aparece la identificación de mi parte con todo eso que creo ser. Sin darme cuenta me identifico con mi nombre, con mis raíces, con mi trabajo, con la sociedad en que vivo, con todo lo que me hace sentir que tengo una identidad. Y no podría ser de otro modo aunque la simple idea es bastante atrayente y descabellada. No soy nada de lo que aparezco y pretendo ser…No me puedo imaginar una explicación de ese tipo pero sigo pensando que es interesante proponermelo.

Entonces, si me pregunto quien soy y en vez de responder afirmativamente, me defino por lo que no soy, tengo la impresión de que me quedo sin identidad. Me quedo en un espacio nebuloso en donde no tengo ningún asidero concreto que me defina. No es muy terrible estar ahí, pero tampoco es fácil y se me hace indispensable encontrar alguna respuesta sobre quién soy. Puedo decir y decirme a mí mismo que soy “algo”, o que soy muchas cosas o que no soy nada y todo lo que percibo es una gran inquietud por no poder definirme. Peor aún si me digo que soy algo que dejé de ser. Soy un hombre y no un niño. Entonces cuando era niño, ¿era yo mismo o no? Al parecer esta especie de ilusión sobre quién soy, tiene continuidad porque nunca me doy cuenta de que he cambiado en el presente. Siempre cuando miro hacia atrás y comparo. Por suerte, porque si fuera de otro modo estaría todo el tiempo en una especie de bardo alterado.

Volviendo a lo que no soy, me queda claro que no hay ahí una respuesta pero si hay una mirada que va más allá de mi identificación. Una forma de verme en donde comprendo que eso que me da identidad no necesariamente me explica quien soy más profundamente.

Como no encuentro respuestas sino interrogantes, empiezo a caer en cuenta que a pesar de la necesidad por responderme, todas las respuestas las siento como parciales y está bien así. 

 

Pero he avanzado considerablemente porque mi identificación inicial ha dejado paso a una extraña sensación de liviandad interna. Es posible que sea todo lo que creo ser y soy al mismo tiempo algo distinto que no tiene nada que ver con esa creencia. Sigo preguntándome y sigo respondiendome y cada vez más las respuestas tienen poco que ver con esa identidad tan preciada y acariciada que me define ante mi y el mundo. Estas nuevas respuestas consideran mucho más importante algo que sin duda no existe, pero que es incluso tan determinante como las condiciones básicas en que nacemos. Ese algo es el futuro. Es la intención lanzada hacia el futuro la cual comienza poco a poco a responder por quien soy. No me lo hubiese imaginado nunca. Es tan profunda la conexión con mi identidad y el pasado que si no me hubiera angustiado con el preguntarme, no habría encontrado estas respuestas. Me alegro que sigo preguntando porque este tipo de respuestas no existen en lo que ya fue, sino en lo que está por venir.

 

Es bastante complicado todo esto o a lo mejor yo lo complico más de lo que se debe, pero no he podido explicarlo mejor de lo que he intentado en este escrito. El punto de partida es esa tendencia a la identificación con “prácticamente todo” la que me ha llevado a cuestionarme tal identidad. Y al poder por instantes observar y detener esa identificación (que me da identidad) he podido vislumbrar una nueva posibilidad de “ser”. El mejor avance ha sido el descubrimiento de que quien soy es ilusorio y lo defino en esos términos porque no me satisface profundamente. Quedo con una sensación de que hay algo más allá de lo que tiendo a identificarme. Algo que no necesita identificación. Algo que es y que existe en todos, independiente de todas los condicionamientos de origen que podamos tener. Lo ubico en el futuro porque no se donde ubicarlo. No está en el presente o en el pasado. Se parece mucho a las intuiciones que son de otro tiempo en general y uno anticipa situaciones que no existen o que no han existido y se dan en el futuro. Entonces siento que “soy” una gran posibilidad “en marcha”, en movimiento. Soy una transformación progresiva hacia algo liviano, luminoso y cada vez menos sufriente que se complementa con otros yendo en la misma dirección. Bastante confuso…pero es solo una forma de expresarlo.

 

En todo caso, toda esta larga divagación en torno a la identidad e identificación es parte del “Camino”: 

No dejes pasar tu vida sin preguntarte: ¿quién soy?. 

No dejes pasar tu vida sin preguntarte: ¿hacia donde voy?

24 de Abril, 2021